sábado, 6 de febrero de 2016



El Estado implica violencia, opresión, explotación e injusticias erigidas en sistema y trasformadas en fundamento de la sociedad. El Estado nunca tuvo y nunca tendrá moralidad alguna. Su moralidad y su única justicia es el supremo interés de la auto-preservación y el poder omnímodo, interés ante el cual toda la humanidad debe arrodillarse en adoración. El Estado es la completa negación de la humanidad, una negación doble: de lo contrario de la libertad y la justicia humana, y una brecha violenta en la solidaridad universal de la raza humana.
El Estado mundial, tantas veces intentado, siempre ha acabado siendo un fracaso. Por consiguiente, mientras un estado exista habrá otros varios, y puesto que cada uno tiene como única meta y ley suprema su preservación en detrimento de los demás, se deduce de ello que la existencia misma del estado implica una guerra perpetua, la negación violenta de la humanidad. Todo estado debe conquistar o ser conquistado. Todo estado basa su poder sobre la debilidad de otros poderes, y si puede hacerlo sin minar su propia posición, sobre su destrucción.
Desde nuestro punto de vista sería una terrible contradicción y una ridícula ingenuidad declarar el deseo de establecer una justicia internacional, una libertad y una paz perpetuas, y al mismo tiempo querer mantener el Estado. Es imposible hacer que el Estado cambie de naturaleza, porque es Estado únicamente gracias a ella, y abandonándola dejaría de ser un Estado. Por consiguiente, no puede ni podrá haber un Estado bueno, justo y moral.
Mijail Bakunin

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